:·:·:·:·:·:·:·:·: ¿Cuántas contraseñas te sabés de memoria? :·:·:·:·:·:·:·:·:
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10.15.2008

Poesía Manuscrita | 17 de noviembre



Poesía Manuscrita es un proyecto de antologías artesales de poesía argentina contemporánea en formato libro-objeto para el que fueron convocadas 16 poetas mujeres

Poesía Manuscrita tendrá una edición en papel de 50 ejemplares numerados, con tapas originales de la artista plástica Ana Verónica Suarez, y será presentada en Buenos Aires, Rosario y DF Mexicano, entre otros lugares.

Los poetas argentinas seleccionadas para esta primera edición de la antología artesanal Poesía Manuscrita son:

Juana Roggero
Nurit Kasztelan
Ileana Kleinman
Mónica Rosenblum
Valeria Iglesias
Jimena Repetto
Romina Freschi
Noelia Rivero
Sol Echevarría
Teresa De Elizalde
Paola Ferrari
Blanca Lema
Adriana Kogan
Ana Laura Rivara
Emilia Ossipoff
Gabriela Tavolara

La edición está a cargo de Germán Weissi y Laura Mazzini, editores de fanzine gratuito de poesía Color Pastel y directores de la editorial independiente de plaquetas de poesía y arte plegable Proveedora de Droga Ediciones.

Más información:

10.08.2008

Entrenamiento para alquimistas

Dedicado al alquimista de palabras.

En el corazón de cada idioma hay una red de rimas, asonancias y significados múltiples, y cada uno de estos fenómenos funciona como una especie de puente que une entre sí a aspectos opuestos y contrastantes del mundo. El lenguaje, por lo tanto, no es una simple lista de objetos distintos a añadir, cuya suma total equivale al mundo. (...)

El lenguaje no es equivalente a la verdad; es nuestro modo de existir en el mundo. Jugar con las palabras es examinar la forma en que funciona la mente, el reflejo de una partícula del mundo tal como la percibe la mente. (...)

Las caras riman a los ojos, así como las palabras riman al oído.

Paul Auster, La invención de la soledad


No sé cuántos de ustedes han intentado o se han iniciado en la meditación zen. Parece ser que es algo tan fácil que resulta casi imposible, porque justamente se trata de no hacer nada. El problema es que no estamos habituados a no hacer nada. Si tuviésemos, por ejemplo, la mente aquietada, desaparecerían todas las tensiones corporales. Así de fácil es decirlo. Sin embargo es muy difícil lograrlo.

En realidad, en el zen no existe la dualidad. No sería técnicamente correcto decir que la mente y el cuerpo están separados o son cosas diferentes. Es claro entender, entonces, que suframos de contracturas cuando tenemos la mente hecha un caos.

Algo similar sucede con la escritura. Algunos alumnos me han comentado que no están conformes con el estilo con el que escriben. Creo que para encontrar un estilo que nos conforme tenemos que olvidarnos de querer buscar un estilo que nos conforme. Algo como "no hacer nada".

El escritor también opera con dos aspectos que son, en realidad, uno solo: el juego de palabras entre sí y el juego de palabras entre sí como reflejo del mundo tal cual lo percibimos. El entrenamiento empieza, entonces, en observar el mundo y, más específicamente, en observar cómo es nuestra manera de observar el mundo. Un ejercicio interesante es ponerse a rimar caras y anécdotas. Escribir las historias que hay detrás de lo que nos llamó la atención en nuestra vida cotidiana (Por ejemplo, ayer vi a la policía arrestando a un chico. Yo no sabía cuántos años tenía, pero decidí que tenía 16. Tampoco supe que había hecho, pero me imaginé que se había intentado robar una bicicleta, porque había bicis en la escena). Tratar de explicarnos a nosotros mismos por qué eso, exactamente eso nos llamó la atención.

Por supuesto que también es importante trabajar en agrandar nuestra caja de herramientas*: Investigar curiosidades sobre la gramática de nuestro idioma, jugar con las famosas asociaciones paradigmáticas y sintagmáticas de de Saussure, las rimas, el ritmo, los juegos de palabras. Pero creo que, en literatura, una cosa es contracara de la otra. El quid de la cuestión está en pararse en esa delicada zona que divide el lenguaje del mundo. Siguiendo con de Saussure, en la flechita roja que aparece en la imagen.



* Stephen King, Mientras escribo