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:·:·:·:·:·:·:·:·: :·:·:·¿Cuál de todas tus personalidades prevalece cuando estás en soledad?:·:·:·:·:·: :·:·:·:·:·:·:·:·:
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2.19.2011

Entrenamiento para jugar con las palabras

En el corazón de cada idioma hay una red de rimas, asonancias y significados múltiples, y cada uno de estos fenómenos funciona como una especie de puente que une entre sí a aspectos opuestos y contrastantes del mundo. El lenguaje, por lo tanto, no es una simple lista de objetos distintos a añadir, cuya suma total equivale al mundo. (...)

El lenguaje no es equivalente a la verdad; es nuestro modo de existir en el mundo. Jugar con las palabras es examinar la forma en que funciona la mente, el reflejo de una partícula del mundo tal como la percibe la mente. (...)

Las caras riman a los ojos, así como las palabras riman al oído.

Paul Auster, La invención de la soledad


No sé cuántos de ustedes han intentado o se han iniciado en la meditación zen. Parece ser que es algo tan fácil que resulta casi imposible, porque justamente se trata de no hacer nada. El problema es que no estamos habituados a no hacer nada. Si tuviésemos, por ejemplo, la mente aquietada, desaparecerían todas las tensiones corporales. Así de fácil es decirlo. Sin embargo es muy difícil lograrlo.

En realidad, en el zen no existe la dualidad. No sería técnicamente correcto decir que la mente y el cuerpo están separados o son cosas diferentes. Es claro entender, entonces, que suframos de contracturas cuando tenemos la mente hecha un caos.

Algo similar sucede con la escritura. Algunos alumnos me han comentado que no están conformes con el estilo con el que escriben. Creo que para encontrar un estilo que nos conforme tenemos que olvidarnos de querer buscar un estilo que nos conforme. Algo como "no hacer nada".

El escritor también opera con dos aspectos que son, en realidad, uno solo: el juego de palabras entre sí y el juego de palabras entre sí como reflejo del mundo tal cual lo percibimos. El entrenamiento empieza, entonces, en observar el mundo y, más específicamente, en observar cómo es nuestra manera de observar el mundo. Un ejercicio interesante es ponerse a rimar caras y anécdotas. Escribir las historias que hay detrás de lo que nos llamó la atención en nuestra vida cotidiana. Tratar de explicarnos a nosotros mismos por qué eso, exactamente eso nos llamó la atención.

Por supuesto que también es importante trabajar en agrandar nuestra caja de herramientas*: Investigar curiosidades sobre la gramática de nuestro idioma, jugar con las famosas asociaciones paradigmáticas y sintagmáticas de de Saussure, las rimas, el ritmo, los juegos de palabras. Pero creo que, en literatura, una cosa es contracara de la otra. El quid de la cuestión está en pararse en esa delicada zona que divide el lenguaje del mundo. Siguiendo con de Saussure, en la flechita roja que aparece en la imagen.



* Stephen King, Mientras escribo


11.06.2010

creatividad orientada a la escritura_intensivo verano 2011

de momento, la fecha programada es
del 31/01 al 04/02 2011
(5 días de corrido, como siempre)

en breve:

programa
lugar
horario definido
etc.

podés mandar un mail a absurdayefimera@hotmail.com
y anotarte para recibir la newsletter

7.22.2009

Pulsar el botón

¿Cuál es el botón que hay que pulsar para dejar de ser monstruo, para ser persona? Quizás esté en la espalda, debajo de la ropa, oculto entre los tornillos. Pero entonces... los tornillos... si están ahí es porque alguien los ha puesto. Toda una tarde levantando faldas, enaguas, puntillas, volados en busca del sello Made in Taiwan, y nada. Clarice frente al espejo de su libro, travestida, disimulada entre el pudor de los otros que la leen. Clarice sabe adiestrar a los monstruos que la habitan, una corte de jorobados de Notre Dame, mujeres barbudas del circo y enanitos de jardín. Les da de comer con la mano, los castiga con la paciencia infinita que alguna vez se acaba, como cuando empezamos a preguntarnos ¿cuál es el botón que hay que pulsar? Y ya no nos conformamos con el primer manotazo a ciegas.

Y después, la vergüenza.

Sentirse especial no es un privilegio. Otros lloran mientras se duchan en otros cuartos de baño.

¿Se puede tirar la piedra y esconder la mano? ¿Esconder la ducha y tirar la toalla? Escribir un libro que sea un espejo y no atrevernos a mirar. La imagen estará invertida pero seguirán ahí las dudas, de dónde viene la tristeza, que es como decir, de qué material están hechos los tornillos o dónde está el botón que hay que pulsar para dejar de ser monstruos y convertirnos en personas.

Ojalá las cosas dejaran de existir con sólo no mirarlas. ¿Cuál es el botón que hay que pulsar para mirarse al espejo y no sentir miedo? Perder el rastro de los ojos en el fondo del fondo, ignorando lo superficial del vidrio. Allá donde todo se duplica y ya no es uno, sino dos los vampiros que no se reflejan. Desnuda, Clarice, y aparecen las tuercas desprolijas que ha puesto quien nos ha ensamblado. ¿Dónde nos pusieron el botón? ¿Cuál es? ¿Y si convertirnos en personas nos asustara más? Quiero una póliza de reversibilidad para volver a ser horrible y alejar a los exorcistas que se me acercan con los ajos y la estaca.

¿Cuál es el espejo en el que hay que pulsarse para dejar de sentir esta vergüenza monstruosa? Ocultemos las escamas debajo de la alfombra. En el ropero hay un hueco para dejar las patas de iguana. Tengamos fe en que alguien vendrá a cambiarnos las pilas y entonces le preguntaremos por nuestro número de serie. Clarice, no quiero ser tan tonta como para escribir el libro que me refleje. Pero para no sentirme tonta, escribo.

(inspirado en La hora de la estrella, de Clarice Lispector)
imagen tomada prestada de JJFEZ (http://www.jjfez.com/espanol )

3.29.2009

¿soy un monstruo o esto es ser una persona?

Discúlpenme, pero voy a seguir hablando de mí, que soy mi desconocido, y al escribir me sorprendo un poco porque he descubierto que tengo un destino. Quién no se ha preguntado: ¿soy un monstruo o esto es ser una persona?
Antes quiero afirmar que esa chica no se conoce sino a través de vivir a la deriva. Si fuese tan tonta como para preguntarse "¿quién soy yo?", se espantaría y se caería al mismo suelo. Es que el "¿quién soy yo?" provoca necesidad. ¿Y cómo satisfacer la necesidad? Quien se analiza está incompleto.
Clarice Lispector, La hora de la estrella.


El héroe, ya sea dios o diosa, hombre o mujer, la figura en el mito o la persona que sueña, descubre y asimila su opuesto (su propio ser insospechado) ya sea tragándoselo o siendo tragado por él. Una por una van rompiéndose las resistencias. El héroe debe hacer a un lado el orgullo, la virtud, la belleza y la vida e inclinarse o someterse a lo absolutamente intolerable. Entonces descubre que él y su opuesto no son diferentes especies, sino una sola carne.
Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.

Si no asimilamos nuestro ser insospechado no podremos hacer arte, no podremos llegar muy lejos con nuestra escritura. A eso me refiero cuando digo que más allá de las técnicas, es fundamental el autoconocimiento.

Todos vivimos tratando de mantener a raya a uno que otro monstruo interior que nos habita. Algunos tenemos un zoológico, otros uno solo pero bien grande y peligroso. Prueba irrefutable de esto son los sueños, un lugar en el que dejamos de controlarlos y aparecen a sus anchas.

No se trata de tener que hacer lo que el monstruo haría (tal vez éste sea el peor de los miedos), se trata de aceptarlos. Cuando los negamos, el mundo se vuelve chato. No existen los relieves ni la escala de grises. Los otros se dividen en buenos empalagosamente buenos y malos imperdonablemente malos. Los últimos son incapaces de enternecerse y los primeros jamás le desean la muerte a nadie.

La aceptación, entonces, se convierte en la única estrategia efectiva de control. La negación, por el contrario, los fortalece. Jung decía que nuestra sombra (nuestro ser insospechado, nuestro monstruo, todo lo que de nosotros mismos no aceptamos y condenamos al desván) se hace más y más poderosa cuanto más y más renegamos de ella.

Una vez, en una impro de escritura creativa, una alumna escribió sobre estar en una cena y agarrar el tenedor, en un acto de locura incontrolable y porque sí, clavárselo en la yugular al comensal que estaba sentado a su lado. Al leerlo en voz alta, confesó sentirse incómoda. O, al menos, sorprendida de haber sido capaz de imaginar y escribir semejante escena.

Pongámoslo así: somos y no somos esa loca asesina del tenedor. Como en los sueños, la idea viene de nuestra cabeza, la hemos creado. Pero como en la vida real: es ficción. ¿Acaso a alguien se le ocurrió meter presos a todos los escritores de policiales negros?

3.15.2009

Cualquiera puede escribir (Ratatouille)

SPOILER
Advertencia: si no viste la película Ratatouille y la querés ver, este post te cuenta el principio y te muestra el final.

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"Simpático libro, Cualquiera puede cocinar. Y más simpático es que Gusteau crea que eso es posible. Yo, al contrario, diría que la cocina es algo serio. Y no, no creo que cualquiera cocine...", declara Anton Ego, el crítico culinario más malo de París antes de que larguen los títulos del comienzo.

Me gusta la idea que desarrolla esta película.

Cualquiera puede ser un chef. Incluso, una rata.

Cualquiera puede ser cualquier cosa.

Nacemos como un chef/ un acróbata/ un contador/ un presidente/ una bailarina del caño/ una loquesea en potencia.

Piensen esto: nacemos y somos capaces de hablar cualquier idioma del mundo, siempre y cuando nos críen en un entorno en donde se hable ese idioma.


O piensen: durante la gestación y sus primeros meses de vida, un ser humano es contorsionista. Cualquier bebé se chupa el dedo del pie sin tener que hacer el más mínimo esfuerzo de elongación. Quién sabe por qué cuando crecen, algunos conservan esa facilidad y otros no. Supongo que hay motivos que pueden ser emocionales o familiares. (Mi registro de voz, por ejemplo, es soprano. Sin embargo, mi voz hablada es más grave, porque crecí imitando la manera de hablar mi madre).

¿Cualquiera puede escribir?

Yo creo que sí. O, en todo caso, que los impedimentos, de exisitir, no son la falta de una varita mágica que nos marcó al nacer.

Para ser un buen escritor hace falta:

leer muchísimo
y tener un profundo conocimiento del sí mismo.

El resto (la técnica, los contactos, el perfeccionamiento), viene con la práctica.
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Talleres:
Matina·L·iteraria
After Hour Literario
Escritura Creativa
(info en la barra lateral)



8.03.2008

La puerta de entrada

Hace poco, recibí un mail en el que me consultaban por las clases de escritura. Decía: estoy pensando en bajar la guardia y aceptar pasar por un taller literario. Le contesté: si sos anti-talleres, entonces creo que los míos te pueden llegar a interesar.

¿Cómo? ¿Das talleres literarios y no creés en los talleres literarios? Es como ser cura y no creer en Dios. Es como ser trompetista y tocar la guitarra. Es como ser florero y que te usen para guardar caramelos. Qué sé yo.

Sí, creo en los talleres literarios. Pero creo en aquel tipo de taller que, como su nombre lo indica, es un espacio para reunirse a experimentar junto a otros que tienen parecidos intereses. Taller implica práctica, experimentación, investigación, no escuela. Entonces, no creo en los que se llaman talleres pero pretenden ser una escuela. Ya porque quienes los coordinan intentan bajar línea de cómo-se-debe-escribir, ya porque los que se acercan creen que hay-que-aprender-a-escribir-de-cierta-manera.

No hay una manera única de escribir. El verdadero arte consiste en encontrar nuestro estilo, y para ello se requiere mucha práctica y mucha confianza en el material propio. Tal vez el trabajo más arduo sea el de lograr deshacernos de esa inseguridad que nos hace decirnos a nosotros mismos: al final, yo siempre voy a escribir así de (mal/ cursi/ autorreferencial/ morboso/ naif / complicado).

Esto que muchas veces vemos como un problema o un defecto es una invaluable puerta de entrada al arte de la escritura. Todos tenemos una puerta en particular: algunos siempre estamos escribiendo acerca de nosotros mismos, otros siempre queremos escribir sobre gente que muere (y al final, hasta el gato se muere) otros somos graciosos, otros somos un combo de lugares comunes.

El primer gran paso para escribir es aceptar que es por ahí y sólo por ahí que vamos a entrar. Entonces, explorar esa manera (oh, baby I love your way). Ponerla en juego, ponerla en práctica, ponerla contra las cuerdas, ponerla patas para arriba, patas para abajo, ponerla en tela de juicio, volver a adoptarla, quererla y hacerla carne. ¿Acaso no suena lógico empezar aprendiendo a usar lo que ya tenemos? ¿Qué puede pasar? Un novio músico que tuve, una vez me llevó a ver al guitarrista inglés Allan Holdsworth. Después del recital, me contó que cuando era chico, Holdsworth había querido tocar el saxo, pero sus padres no tenían dinero para comprárselo y en su casa sólo había una guitarra. Hoy es uno de los mejores guitarristas de culto más reconocidos del mundo.

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Foto: Natacha Iglesias