·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·

AT RANDOM


Pulsar el botón

¿Cuál es el botón que hay que pulsar para dejar de ser monstruo, para ser persona? Quizás esté en la espalda, debajo de la ropa, oculto entre los tornillos. Pero entonces... los tornillos... si están ahí es porque alguien los ha puesto. Toda una tarde levantando faldas, enaguas, puntillas, volados en busca del sello Made in Taiwan, y nada. Clarice frente al espejo de su libro, travestida, disimulada entre el pudor de los otros que la leen. Clarice sabe adiestrar a los monstruos que la habitan, una corte de jorobados de Notre Dame, mujeres barbudas del circo y enanitos de jardín. Les da de comer con la mano, los castiga con la paciencia infinita que alguna vez se acaba, como cuando empezamos a preguntarnos ¿cuál es el botón que hay que pulsar? Y ya no nos conformamos con el primer manotazo a ciegas.

Y después, la vergüenza.

Sentirse especial no es un privilegio. Otros lloran mientras se duchan en otros cuartos de baño.

¿Se puede tirar la piedra y esconder la mano? ¿Esconder la ducha y tirar la toalla? Escribir un libro que sea un espejo y no atrevernos a mirar. La imagen estará invertida pero seguirán ahí las dudas, de dónde viene la tristeza, que es como decir, de qué material están hechos los tornillos o dónde está el botón que hay que pulsar para dejar de ser monstruos y convertirnos en personas.

Ojalá las cosas dejaran de existir con sólo no mirarlas. ¿Cuál es el botón que hay que pulsar para mirarse al espejo y no sentir miedo? Perder el rastro de los ojos en el fondo del fondo, ignorando lo superficial del vidrio. Allá donde todo se duplica y ya no es uno, sino dos los vampiros que no se reflejan. Desnuda, Clarice, y aparecen las tuercas desprolijas que ha puesto quien nos ha ensamblado. ¿Dónde nos pusieron el botón? ¿Cuál es? ¿Y si convertirnos en personas nos asustara más? Quiero una póliza de reversibilidad para volver a ser horrible y alejar a los exorcistas que se me acercan con los ajos y la estaca.

¿Cuál es el espejo en el que hay que pulsarse para dejar de sentir esta vergüenza monstruosa? Ocultemos las escamas debajo de la alfombra. En el ropero hay un hueco para dejar las patas de iguana. Tengamos fe en que alguien vendrá a cambiarnos las pilas y entonces le preguntaremos por nuestro número de serie. Clarice, no quiero ser tan tonta como para escribir el libro que me refleje. Pero para no sentirme tonta, escribo.

(inspirado en La hora de la estrella, de Clarice Lispector)
imagen tomada prestada de JJFEZ (http://www.jjfez.com/espanol )

ARCHIVO

Spam

Juega sucio con mi adrenalina: veo que bajan dos de diez, cinco de diez, diez de diez mensajes a mi bandeja de entrada. Ocho corresponden a publicidades indiscriminadas. Ningún mensaje personal. El resto son dos interminables newsletters que ni pienso leer aunque me haya suscripto quién sabe cuándo y por qué.

Al menos una vez a la semana, pone a prueba mi ingenuidad. Nada de ex amantes arrepentidos, sino desesperadas viudas de líderes africanos asesinados en verosímiles guerrillas, derrocados príncipes japoneses de sospechosas empresas de tamagochis, el sucesor directo de algún zar ruso que murió sin dejar herederos. Todos necesitan mi invaluable ayuda para sacar de sus países sumas de dinero superiores a los diez millones de dólares a cambio de una comisión del 10%.

Cultiva mi paciencia. Nunca un amigo que no se decide a invitarme a salir, en cambio cataratas de ofertas de e-books, software o palm free soft con sus correspondientes opciones REMOVER que, al ejecutarlas, me rebotan y avisan: undelivered mail.

Se burla de mi inconsciente envidia fálica con los catálogos de viagra y cialis de prestigiosas farmacias virtuales canadienses. Drogas que me arengan: sorprenda a su mujer. ¿Sin efectos colaterales? Me disculpen, a mí me provocan una profunda desilusión, porque aunque escriba esto para Lamujerdemivida, todavía espero el mail del hombre de mis sueños.

Y sí, me ataca en mi punto más débil: el vicio. Y es que soy adicta a la espera de ese mail que no llega. Mi teléfono se ha vuelto obsoleto desde que me muevo en el ciberespacio. Recibir correo spam me hace sentir peor que Bridgit Jones cuando escucha su contestador automático que dice: “Usted no tiene ningún mensaje, ni siquiera de su madre”.

Publicado en Lamuerdemivida, año 3 - número 26

METELE QUE SON PASTELES - libros

TOKIO BLUES,

mientras lo lee fafa
http://www.fafaesbueno.blogspot.com

primer acercamiento//
Estoy leyendo Tokio Blues, de Haruki Murakami y no está mal. Pero tampoco es nada extraordinario. O quizás es por la inevitable comparación con la Montaña Mágica, libro inmediatamente anterior, que ha pasado a formar parte de mis favoritos por haberme deparado momentos extraordinariamente gratos.

segunda semana//
Se pone mejor. La primera impresión fue la de "esto ya lo leí". Me sabía a Caulfield y a Bandini(*), el mocoso que no encuentra su lugar en el mundo y que, pese a ser de tierno corazón, resulta un inadaptado, tiene actitudes poco comprensibles, incoherentes y no sorprende a nadie. En un punto Murakami me resultaba tan poco japonés que me fastidiaba. Nada que me permitiera asociarlo con Oe, con Kawabata o con Mishima. Y hay que decirlo, no sé si es por culpa de la traducción o del propio Murakami, pero no me pareció que la prosa fuera nada del otro mundo. Fluida y amable, sí, pero no muy "lírica" que digamos (cuando alguien escribe lindo y da placer los críticos dicen que tiene una prosa lírica, qué cosa).

Pero después empezó a gustarme más. Lo del Guardián Entre el Centeno se transforma en un guiño deliberado cuando alguien le pregunta al protagonista si habla así para imitar a Caulfield. También son deliberados los guiños a Gatsby y a los Beatles y un interesante coqueteo con Mann. Lo que resulta claro es que a Murakami le copa la cultura norteamericana y lo transmite muy bien. De alguna manera, es bien distinto de los escritores de la generación anterior y se distancia de ellos de modo explícito. No me parece que, tal como dice la contratapa, haya un buen retrato del turbulento Japón de finales de los sesenta. Pero sí hay un interesante retrato de una generación que le da la espalda a la cultura de su país, fuma Marlboro, escucha Madera Noruega y habla de películas con Dustin Hoffman. Por eso me parecía tan poco japonés. Ahora me parece bien que así sea, porque está hablando desde el distanciamiento y el cambio. Y la prosa, qué sé yo, es de lectura ligera, tampoco hay que pedirle tanto. Así que le pido disculpas a Murakami por haberlo juzgado a la ligera, quizás influido por el prejuicio que uno suele sentir por los escritores que están de moda. Si alguien lo ve por ahí, que le avise y le mande saludos míos.

(*)// Holden Caufield, protagonista de la novela de Salinger. Bandini, el héroe de las novelas de John Fante. El libro se parecía al principio una especie de aprendizaje sentimental trunco de personajes veinteañeros (o algo menos) con un cierto grado de ternura pero también dificultad para adaptarse a su entorno. Después el libro se transforma en algo mucho más rico y los guiños a Salinger se vuelven explícitos. Hacia la mitad, y de ahí en adelante, la historia adquiere un nivel de tristeza bastante refinado. El protagonista, Watanabe, ya no se parece gran cosa a los dos que nombré. Además hay algunas muy bellas escenas eróticas, nada excesivas, nada baratas.

EX / CÉNTRICA


::un poema que no parece escrito por quien lo escribió::

En lo alto de esas cumbres agobiantes
hallaremos laderas y peñascos,
donde yacen metales, momias de alga, peces cristalizados;
pero jamás la extensa certidumbre
de que antes de humillarnos para siempre,
has preferido, campo, el ascetismo
de negarte a ti mismo.


Fuiste viva presencia o fiel memoria
desde mi más remota prehistoria.


Galopar. Galopar.¿Ritmo perdido?
hasta encontrarlo dentro de uno mismo.


Templa mis nervios, campo ilimitado,
al recio diapasón del alambrado.


¿quién lo escribió ? la solución el mes que viene...