No puedo dejar de sentirme agradecida y feliz por el resultado de OUTSIDER_01.
Esto de organizar ciclos es un viaje de ida.
Después de trabajar durante más de un mes para que el producto se consuma en unas horas,
una se queda con una resaca de felicidad que es linda,
pero que también tiene esa sombra de emptiness que te deja un poquín melancólica.
Por eso, ya me estoy moviendo irremediablemente hacia OUTSIDER_02,
previsto para fines de noviembre. Stay tuned.
Para explicar un poco esta sensación de final de fiesta,
les reciclo este texto que alguna vez publiqué en Pez Banana
restos de outsider
Jardín de instantes
Es así. De pronto te estás cepillando los dientes y te ves al espejo. No es que no te hayas visto antes. Pero esa mañana, la espuma que se escapa por la comisura y el mapa de tu cara. Igual que aquellas veces en que seres mágicos –como los Reyes y de ésos— se deshicieron en humo púrpura que también desapareció y tras el cortinado estaban mamá y papá. Escupís y volvés a levantar la cabeza. Y sigue ahí el reflejo de unos ojos brillantes que te cuestiona sin cuestionar. Del mismo modo que una tarde alguien dijo una frase insignificante y vos sentiste que podrías todo en la vida menos vivir sin él. Por eso viviste con él y no pudiste todo lo demás, pero eso ahora qué importa. Porque podrías haberte pasado el hilo dental y sentir que se cortaba. Es una tarde de domingo mirando una película que, sabés, terminará con los títulos. Batís agua, dentífrico y saliva. El buche rítmico de una publicidad. Final de fiesta y la última canción y todos se fueron y vos y las colillas en el suelo y cómo pudiste estar tan eufórica y ahora tan con ganas de no existir. Al fin la sonrisa para comprobar que barriste con toda la placa. Y no es que no te hayas visto antes. Pero esa mañana. Es así.
.
12:28 AM