Las plumas se vuelan al contacto con tu aliento: eso significa que respirás. Y no hace falta decir más nada. Brindemos. El resto es anécdota: ni siquiera estamos seguras de que existan las uñas que me clavaste anoche. Pero ahora que la almohada de plumas ha sido despedazada por tu ira (por decirlo de algún modo) y que –exhausta—me mirás, acostada boca abajo... Ese suspiro que voló algunas plumas es como un efecto dominó que termina por conmoverme . Y te perdono. Como si hiciera falta de mi misericordia. Me visto, despacio. No me importa dejarte mis bombachas sucias para que las laves. Y me voy. Tal vez vuelva la semana que viene cuando, arrepentida (siempre el mismo ritual) me llames a la oficina, llorando, diciendo que estabas loca, pero que cambiaste. Que cambiaste. Y me pidas otra oportunidad. Y yo, que voy a tener al jefe adelante, no estaré en condiciones de dejarte montar una escena y te voy a decir “OK, cuando salga de acá, paso por tu casa” Y, me conocés, si hay algo que tengo es palabra. Así que me tendrás otra vez en tu mesa de té con masas. Primero hablaremos trivialidades. Te mostrarás correcta, te mostrarás amable. ¿Hace falta que siga? lo único que no sé del final es qué es lo que vas a terminar rompiendo. Pero igual, a esta altura qué importa. Tampoco puedo predecir mi paciencia. Alguno de estos días, sé, nuestras vidas se separarán para siempre. Extrañaré, sí, sobre todo, tus escenas de celos. Extrañaré tu soberbia. Te extrañaré, en definitiva, alguna de las tardes en que salga de la oficina y me vaya directo a casa, sin pasar por el bar, sin tomar una cerveza. Así, sola y sobria pensaré qué suerte que me libré de vos y qué feo extrañarte tanto. Resistiré una o dos horas, hasta que baje a los chinos a comprar un tinto. Beberé a tu salud, hasta eructar uvas. Y dormiré mal, pero no tan mal como cuando dormíamos juntas. A la mañana volveré a la carga, las ocupaciones me tendrán desorientada, distraída. Compraré un gato, le pondré de nombre Bilbo, lo desparasitaré, vacunaré y le enseñaré a hacer sus cacas en las piedras higiénicas. Hablaré con él. Algunas noches saldré con algún hombre que sólo quiera acostarse conmigo. Seré mediocre.
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:·:·:·:·:·:·:·:·: :·:·:·¿Cuál de todas tus personalidades prevalece cuando estás en soledad?:·:·:·:·:·: :·:·:·:·:·:·:·:·:
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5.10.2007
AT RANDOM - Leído el 09/05 en Los Mudos
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11 comentarios:
¿La vida solitaria (y sobre todo post-no-sé-qué) siempre entraña el refrendamiento de un gato?
Es el gato un gato simbólico, o es un gato arbitrario.
A mi me resulta ménos compañia, si se quiere, un pez. Da más solitario, qué querés que te diga
Es un gato "lugar-común". Siempre recuerdo el comentario prejuicioso de un amigo de un amigo que dijo: ¿por qué todas las mujeres solas tienen gatos... y les hablan!?
Hola Valeria, estuvo muy divertida la performance que hiciste en los mudos....felicitaciones ;)
Muy bueno, me gustó mucho.
Casualmente vengo durmiendo muy mal porque mi gata siamesa está en su semana de celo.
Loca, femenina, independiente, impredecible, distante, suave, orgullosa... etc... etc.
Besos
Gracias, Naranjadas. Yo me divertí mucho payaseando también.
Gen: Qué bueno que te gustó. ¿Así se pone tu gata siamesa cuando está en celo? La mía (ahora operada) solía correr por el techo y las paredes al grito de "maaaaaaaaaaaoooo".
Me encantó lo que escribiste.
Abrazo vecino.
Criaturita 'e dió'... se ponen terribles estas gatitas.
La mía también grita Maaaaooo.
Las siamesas serán Comunistas Chinas?
Besos
Me encantó el texto Vale. Sobre todo leerlo ahora en silencio y recordar tu lectura.
Un abrazo grande a vos y a tu amiga Murcia, ambas estuvieron increíbles.
Gracias, Mica y Hernán.
Gen: Y las comunistas chinas, ¿serán gatitas?
Es muy probable; por lo pronto puedo decirle que una vez vi una foto de unas chinas siamesas... faltaría averiguar si eran comunistas
Ud. sí que sabe, estimada. Me saco el sombrero (nunca mejor dicho)
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