·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·

PASTELES - cine: KING'S MEN

All The King's Men
según la ve Ramiro de Abecedarios.

Viene el mozo y te dice:

— En el menú de hoy tenemos una película con los siguientes ingredientes: Sean Penn...
— Tráigamela.
— ¡Pero todavía no le dije el resto! Actúa también Anthony Hop...
— No me importa
— Jude Law, Kate Wins...
— No insista, ya me sobra con lo que dijo.

Es que Sean Penn hace lo que quiere. Actúa de lo que sea y lo que sea le sale muy bien. Y comprás. Comprás un deficiente mental, comprás un adicto a las drogas, comprás hasta un pseudo Woody Allen. Simplemente es un actor fantástico.

En esta película —que para variar es una remake de una de 1950, que está basada en una novela que ganó el Pulitzer, que está basada en un caso real— cuenta la historia de Chacho Alvarez, pero con final feliz. Bah, no, en serio. No es final feliz. O sí. Depende dónde uno decida poner el punto final.

William Stark —Penn— es un don nadie, honesto trabajador, que enfrentando a los grandes poderosos, llega a ser gobernador del Estado de Louisiana, lleno de ideales y de buenas intenciones. Al principio todo funciona bien, pero sabemos que nada dura para siempre. Salvo la yerba mala.

Lo más interesante es que él mismo lo sabe y no lo niega. A mí me deja un sabor amargo porque —creo que corre por cuenta mía, no me imagino al director tratando de lograr que pensemos en esto— me confirma que el mundo está irremediablemente perdido y que lo único que nos queda por hacer es tratar de disimular o de retrasar la maldad lo más posible. Como si estuviésemos en una ciudad que se está inundando y, parados detrás de la puerta, intentásemos evitar que el agua nos tape dentro de nuestra casa. Tarde o temprano vamos a caer; la pregunta es cuánto podemos aguantar.

Pero ¡qué tanto! Si uno lo ve a Sean Penn haciendo de sureño orgulloso, no importa nada. Incluso Anthony Hopkins pasa completamente desapercibido, y el mismísimo Jude Law (¿será legal, caramba?) ni nos da celos de tan lindo que —dicen— que es.

Un fenómeno extraño me pasó viendo la película —y volviendo a la naturaleza humana tachable por donde se la mire— y es que no me sorprende ni me indigna lo que veo. Es como que los años no vienen solos y la utopía de un mundo mejor la tengo tan pisoteada que hasta espero un poco de roña. Y donde uno rasca, siempre encuentra algo sucio.

Entonces me relajo, me hago un cafecito, me traigo unas pasas de uva blancas y me tiro a disfrutar de una película mediana, sin grandes aspiraciones cinematográficas, y con la sensación de no estar solo en este mundo, que de tan lleno de gente que cree que la salvación llegará algún día, a veces hasta logran confundirnos.

***Nota para freaks***: ¿será posible que al igual que en la lista de Shindler y en Perfume de Mujer, cuando los yankies tienen que poner un tango, siempre elijan “por una cabeza”?